Pone los pelos de punta pensar en la de gente que cada año, antes del verano, estará iniciando su particular “Operación Bikini”, sin conocer las consecuencias que esto tiene. Incitad@s por los medios de comunicación, redes sociales, anuncios…para muchas de estas personas puede ser el despertar de un trastorno alimentario.

  • ¿Qué es la Operación Bikini?

La «Operación Bikini» es la carrera hacia la pérdida de peso que llevan a cabo muchas mujeres cuando se aproxima el verano, para sentirse mejor, al tener que exponer más su cuerpo con la ropa de verano y el bañador.

Consiste en hacer dieta (se suelen buscar “dietas” que den resultados rápidos), ejercicio intenso, e incluso consumir productos adelgazantes.

De la “Operación Bikini» se viene hablando desde hace décadas. No sabemos cómo se hubiera llamado si hubiera surgido actualmente, pero lo cierto es que en aquel momento, sin duda, y atendiendo al nombre que le dieron (bikini”), iba dirigida a mujeres. Con este mensaje se transmitía, y se transmite (porque todavía se utiliza) a las mujeres la urgencia de cambiar su cuerpo y que éste encaje en el prototipo de cuerpo “ideal” o lo más próximo a él.

La «Operación Bikini» es un método cortoplacista de perder peso. No te enseña a mejorar tus hábitos alimentarios; lo importante no es establecer unas rutinas saludables y compatibles con tu vida que sean sostenibles en el tiempo, sino que el objetivo es conseguir una imagen determinada en una fecha, y punto.

Tampoco importa mucho el proceso sino el resultado final. Todo vale, a costa de lo que sea, con tal de alcanzar ese objetivo. Esa es la idea.

  • ¿Qué pasa con la persona después?

Con esto, es fácil deducir que, si se da el caso, no se va a llegar muy lejos una vez conseguido el objetivo y mantenido un tiempo (lo que dura el verano). 

De hecho, lo normal es que se cree un círculo vicioso: 

Al haberse hecho mal (pérdida rápida de peso) y/o si no se parte de un sobrepeso, pasada la temporada de verano o incluso antes, en el momento en que la persona se relaja, lo más frecuente es que se vuelva a recuperar el peso, en el mejor de los casos, o se daría un efecto rebote (recuperación a medio plazo de un peso igual o mayor del que se tenía al inicio). Las dietas estrictas no son sostenibles en el tiempo. Cansan, aburren, generan ansiedad… El ejercicio físico intenso, si no se está acostumbrado y si no se disfruta de él sino que se hace solo por un objetivo de peso, es fácil que se abandone. Así, la persona retoma los hábitos que ya tenía, que en la mayoría de los casos no eran buenos de inicio. Conclusión: al año siguiente vuelta a empezar.

Entre tanto la salud física y psicológica va a quedar dañada. Cansancio, frustración, ansiedad, alteración de las conductas alimentarias, mala relación con el cuerpo, obsesión por el peso… y otros efectos físicos y psicológicos. Y esto en el «mejor» de los casos, pues este tipo de conductas alimentarias podrían desencadenar un TCA (trastorno de la conducta alimentaria).

Por otro lado, también es importante ser consciente de que las pérdidas de peso rápidas no son pérdidas reales. La pérdida de peso real, aquella en la que se pierde grasa, no se puede precipitar, pues es un proceso fisiológicamente lento que  requiere un tiempo. Sobra decir que no es conveniente someter a una pérdida de grasa a una persona cuyo nivel de grasa está dentro de lo saludable, e implica serios riesgos si la persona parte de una infrapeso.

Entonces, cuando se pierde peso rápidamente, si no es de grasa… ¿de qué es? Pues, sobre todo, se pierde agua y masa muscular. Lo explicábamos detalladamente en este artículo

  • ¿Cuál suele ser el perfil de las personas que hacen la «Operación Bikini»?

No hay perfil, hay gente de todos los pesos, tipos de cuerpos y edades que se suman a la Operación Bikini.

Quien la hace no necesariamente tiene un sobrepeso. Hay muchas personas con pesos altos que están conformes y a gusto con su cuerpo, y personas con bajo peso que también intentan perder peso de cara al verano. Lo mismo pasa con aquellas personas que están en mejor o peor forma física.

Suele darse más en mujeres, con mucha necesidad de aprobación o baja autoestima y/o en cuyo entorno se da gran importancia a la imagen corporal o viven de manera permanente en una cultura de dieta.

  • ¿Qué puede llevar a una persona a hacer la «Operación Bikini”?

Una persona que es consciente de que tiene un problema de salud y necesita perder peso o una persona que es consciente de que tiene un problema con la comida y necesita ayuda, no espera a este momento para hacerlo.

En la mayoría de los casos se empieza por desconocimiento de los riesgos que implica, y a ello se puede unir:

  • la  presión (del grupo de amig@s, las redes sociales…): «el resto lo hacen», «puedo estar mejor si pierdo peso»…
  • haber estado evitando todo el año una mala relación con el cuerpo y, al tener que exponerse más ahora en verano, no ven otra opción
  • que es la dinámica de cada año, “es lo que toca” en estas fechas.

Promover la «Operación Bikini» contribuye a que se perpetúen las falsas creencias y mitos sobre dietas y pérdidas de peso. Contribuir a esto es contribuir a mantener la creencia generalizada, no solo de que la delgadez es éxito, sino también de que para perder peso hay que dejar de comer y machacarse en el gimnasio. Sí, claro, el resultado de una restricción brutal  puede ser ése*, pero… ¿a costa de qué?.

(*) O no, el resultado también podría ser no alcanzar el objetivo y quedarte a mitad pero con una alta dosis de ansiedad por comer que te lleve a un efecto rebote inmediato.

CRISTINA GARCÍA TÉBAR. Dietista de Nutriemoción.

 

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