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El sobrepeso en jóvenes viene siendo un tema preocupante* desde hace años, y como consecuencia de la actual pandemia, este problema de salud pública podría empeorar.

  • ¿Realmente es un problema de salud pública?

Fijaos en esto. Menos de una tercera parte de los adultos obesos lo fueron en la adolescencia. Sin embargo, la mayoría de los adolescentes obesos lo siguen siendo en la edad adulta. Esto nos indica que muchos de los problemas de sobrepeso surgen ya en la edad adulta, pero también, que cuando un adolescente alcanza la obesidad, las probabilidades de mantenerla de adulto son muy elevadas.

En España, según refleja el Estudio Aladino 2019 , un 58,5% de escolares se sitúa en valores de peso normal, mientras que el 0,9% sufre delgadez y el 40,6% tiene exceso de peso. De los niños y niñas con exceso de peso, el 23,3% está en niveles de sobrepeso y el 17,3% padecen de obesidad.

La pandemia de COVID19 que está asolando a España y al mundo, debido a las restricciones que implica en la población, no parece augurar un futuro esperanzador en este sentido. Confinamientos, cierre de gimnasios e instalaciones deportivas, miedo al contagio… todo ello genera aislamiento, con el consiguiente riesgo de que aumenten las tasas de sobrepeso en jóvenes.

¿Cuáles han sido tradicionalmente las causas del sobrepeso en jóvenes?

  • Actividad física.

El ocio es cada vez más sedentario entre nuestros jóvenes, que emplean más de 4 horas al día al consumo de televisión y consolas. Esto, sumado a la inactividad física, se reconoce como un determinante importante de enfermedades crónicas.

La prevalencia de la inactividad física, de hecho, está aumentando entre los adolescentes. La vida en las ciudades, donde cada vez hay menos espacios de juego y esparcimiento, y el uso diario de medios de transporte de todo tipo (metro, autobús, coche, incluso motos y patinetes eléctricos en el casos de los mayores de 16…) para trasladarse a cualquier parte, unido a la sobrecarga de actividades extraescolares (que en muchos casos no incluyen actividades deportivas) hace que el espacio para la actividad física sea cada vez más reducido.

  • Alimentación.

El tipo de alimentación es el otro gran factor que genera sobrepeso en los adolescentes. Dietas pobres en verduras y frutas, abuso de bebidas refrescantes y estimulantes azucaradas, comida rápida insana… y, en general, desorden alimentario. Los malos hábitos creados en la adolescencia en muchos casos persisten en edades posteriores a no ser que desde casa hayan vivido desde bien pequeños buenos hábitos, los cuales muchos retomarán pasadas estas edades.

  • Gestión emocional a través de la comida.

La adolescencia es una etapa complicada, cargada de conflictos en muchos casos difíciles de gestionar para muchos jóvenes. Comer o dejar de comer para regular las emociones se presenta, para algunos, como una forma rápida de rebajar la ansiedad y compensar la carencia de otros gratificadores. Lamentablemente las consecuencias de estas conductas las desconocen.

En los tiempos actuales de pandemia, se presenta, si cabe, más complicado el evitar el sedentarismo. Además, el estrés derivado de la situación de crisis sanitaria está afectando mucho a los jóvenes. En algunos casos el deporte no es una opción debido a los confinamientos y las restricciones, y de nuevo la comida, tan al alcance al pasar tanto tiempo en casa, vuelve a ser el  “flotador”.

 ¿Qué podemos hacer los adultos para ayudar a nuestros jóvenes?

  • Potenciar la comunicación con ellos y darles herramientas para identificar a tiempo, y manejar, sus emociones. Por ejemplo, agradecer y reforzar su autocontrol. Si para nosotros como adultos muchas veces resulta difícil controlarnos en ciertos aspectos, para nuestros jóvenes es un verdadero desafío, por eso es importante que los acompañemos en este proceso. Ser modelos para ellos. Si queremos que expresen sus emociones, es importante que nosotros también lo hagamos.
  • Identificar a tiempo conductas de riesgo con la comida y el deporte, que podrían derivar en un trastorno alimentario. Obsesionarse con las calorías, sentirse culpable después de comer y tener la necesidad de “quemar” lo que se ha comido, demonizar ciertos alimentos como los carbohidratos o intentar seguir dietas de moda con la idea de para ganar músculo, son algunas de las cosas que demuestran una mala relación con la alimentación e incluso pueden ser un indicativo de un posible trastorno alimentario. Es importante que consultemos con profesionales especializados si hay una sospecha. En los niños más pequeños puede no ser tan llamativo, pero también se puede dar el comer emocional. En este sentido podríamos tener en cuenta una serie de cosas que aquí explicamos.
  • Hablarles de salud, y no de “engordar” cuando nos referimos a un tipo concreto de alimentación. Por ejemplo, hablarles sobre los beneficios que nos aportan a la piel y al cabello ciertas vitaminas o lo necesarias que son ciertas grasas para nuestros órganos.
  • Facilitarles la posibilidad de realizar actividad física. Proporcionarles una oferta variada de diferentes actividades físicas; puede ser que no les guste la natación o el atletismo, pero existen infinidad de deportes, juegos y actividades que pueden probar. Del mismo modo es importante que nosotros nos mantengamos activos, pues son nuestro reflejo y en muchas ocasiones les servimos de ejemplo.
  • Ser modelos para ellos. Les va a ayudar mucho tener una referencia sana en casa; papás y mamás que mantienen, a pesar de las circunstancias, hábitos de vida saludable en lo que a la alimentación y la actividad física se refiere. En definitiva, cuidar nuestros hábitos de vida no solo nos beneficia de forma individual, sino que repercute en la familia y en nuestro entorno social.

*Cuando nos referimos al sobrepeso en jóvenes como un “tema preocupante” o un “problema de salud pública” no nos referimos tanto a la talla, que no deja de ser un tema que puede afectarles bastante a nivel social, como a las consecuencias futuras en su salud física y mental de mantener esa conducta alimentaria o estilo de vida que les ha llevado al sobrepeso.

CLAUDIA AYORA MARTÍNEZ (Licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte)

CRISTINA GARCÍA TÉBAR (Dietista de NUTRIEMOCIÓN)

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