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Se escucha hablar a menudo de comer emocional en adultos, pero también ocurre en niños. En ambos casos, es importante que lo identifiquemos a tiempo.

La niñez es una etapa crucial para prevenir ciertos problemas en la edad adulta.

Muchos trastornos alimentarios (anorexia, bulimia, trastornos de atracones y otros) pueden empezar a gestarse incluso en etapas tempranas de la infancia.

Si determinadas conductas que llevan a cabo los niños no son identificadas a tiempo por la familia por diversos motivos (los padres tienen conductas similares, se consideran “cosas de críos” o se piensa que ya se les pasará…), finalmente se instauran.  A veces sí que son identificadas pero se abordan desde casa de forma errónea, aunque con la mejor intención.

En este post nos vamos a centrar en las conductas de COMER EMOCIONAL en los niños.

¿Qué es el comer emocional?

El comer emocional es el hecho de comer en respuesta a sensaciones que no son el hambre. Significa comer en respuesta a emociones buscando aliviar un malestar, a veces también para premiarte, porque estás aburrido o simplemente porque se da la oportunidad.

¿Cómo saber si la forma de comer de mi hijo corresponde con un  comer emocional?

Los siguientes puntos caracterizan la conducta de un niño o niña que come con ansiedad. 

  • A pesar de hacer las 5 comidas habituales, come mucha más cantidad que los niños en general de su edad, y parece como que nunca se queda saciado. De hecho, cuando parece que lo está, se apunta con la misma avidez a algo imprevisto que se le ofrezca (p.e. un dulce) y se también se lo acaba.
  • Le cuesta esperar a que se ponga la mesa, o a que los demás se sienten a la mesa, para empezar a comer. Picotea lo que puede y siente mucha urgencia por empezar a comer.
  • Come muy rápido y con ansiedad. Termina el primero, o de los primeros, de su clase.
  • Tiende a centrarse en el plato y apenas participa en la conversación. 
  • Suele dejar el plato “limpio”, es decir se lo acaba todo y rebaña.
  • Pide repetir una vez ha acabado el plato
  • Entre horas, pregunta constantemente cuando toca comer, o visita la cocina para coger comida. Suelen preferir alimentos muy palatables y energéticos.

Para algunos padres puede ser llamativo que un@ de sus hij@s, a diferencia del resto de los miembros de la familia, presente estas actitudes frente a la comida.  

En otros casos puede que los padres sean advertidos por personas ajenas a la familia (profesores, monitores o padres de otros niños) que se hayan percatado.

No debemos sacar conclusiones cuando se trata simplemente de un periodo puntual, y si existe una explicación. Puede ser que se observen estas conductas, por ejemplo, tras un periodo de enfermedad en las que el niño haya perdido mucho peso y necesite recuperarlo. Pero si observamos que es una constante, debemos abordarlo.

¿Qué hay detrás del comer emocional en los niños?

  • Detrás del comer emocional de muchos niños suele haber una dificultad para identificar y gestionar emociones provocadas por temas que les afectan. El niño puede haber aprendido él solito a manejar esas sensaciones extrañas para él (ansiedad, preocupación, celos…) a través de la comida, porque una vez lo hizo y le funcionó. Una de las cosas fundamentales, de cara a la prevención, sería enseñarles desde muy pequeñitos a identificar, comunicar y regular sus emociones sin comida. 
  • También puede ser que se trate de una forma de relacionarse con la comida propia de la familia y que el niño ha copiado. Por ejemplo, que se haya utilizado la comida como fuente de consuelo frente a la tristeza, calma frente al agobio, alivio frente al dolor…  En este caso, debe la familia en su conjunto trabajar en corregir esto. 
  • En ocasiones no es una conducta familiar pero los padres, abuelos, cuidadores… por desconocimiento, han ofrecido comida al niño para calmarlo, y han recurrido a esto repetidas veces porque han visto que daba resultado. 

Es de suma importancia averiguar qué hay detrás del comer emocional de estos niños. Así, los padres podrían recibir los consejos más adecuados al caso en concreto para prevenirlo y conseguir que estas conductas no se conviertan en una puerta de entrada de un trastorno alimentario.

En cualquiera de los casos anteriores es posible, ademas, un abordaje de la desde la parte alimentaria, enfocado a crear nuevos hábitos alimentarios, controlar los estímulos y ayudarles a frenar el impulso.

También se pueden llevar a cabo acciones encaminadas a prevenir desde bien pequeñitos el comer emocional, y a ayudar a nuestros niños a adquirir un estilo de alimentación saludable.

Nuestras próximas entradas la dedicaremos de lleno a estos puntos.

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