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El comer emocional en niños (la ingesta de alimentos que, más que calmar el hambre, calma emociones como ansiedad, aburrimiento o malestar psicológico) es más frecuente de lo que podríamos pensar.

En este post anterior os hablábamos de cómo identificar si la forma de comer de tu hijo era desde la ansiedad o la emocional. Además, tratábamos de dar luz a qué podría haber detrás de esa conducta con la comida. 

Estas conductas una vez instauradas pueden afectarles a su salud física (pudiendo generar un sobrepeso en niños más sedentarios), pero también a su salud psicológica. Por ese motivo, no debemos restar importancia al comer emocional en niños que no tienen sobrepeso.

¿Qué se puede hacer para reducir esa carga emocional en la forma de comer de tu hijo?

En este artículo pretendemos dar a conocer una serie de aspectos a tener en cuenta que contribuyen a ayudarle a recuperar o crear una relación sana con la comida, y a alejarse del riesgo de sufrir, en un futuro, un trastorno alimentario. Por supuesto, siempre y en todo caso,  es fundamental que se investigue y se trabaje lo que subyace a esta conducta.  

Tanto desde la parte alimentaria como desde la psicológica, en algunos casos podría ser necesario pedir ayuda profesional.

Ahora sí, vamos allá con algunas cosas muy interesantes, en el plano alimentario, que podemos hacer desde casa:

  • Proporcionarle 5 ingestas al día (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena). Los niños necesitan comer varias veces al día. Cuando son mayores, porque sus requerimientos energéticos son altos. Cuando son pequeños, debido a la limitada capacidad de su estómago para contener muchos alimentos de una vez. Es más sencillo contener el comer emocional ni no se acompaña de hambre real.
  • Establecer horarios lo más regulares posibles para esas 5 comidas, tratando de que no pasen demasiadas horas entre ellas. Esta rutina es importante para poder remitirle al momento de comer cuando pida comida, y nos ayuda a entender si es posible o no que tenga hambre.
  • Realizar todas las ingestas posibles con él/ella. Si nuestra forma de comer es sana (saludable, ordenada, pausada…), seremos un modelo o referencia sano para el/ella. Además, esto nos va a permitir identificar actitudes y conductas alteradas con los alimentos.
  • Hacer del momento de la comida juntos, un rato agradable, evitando recriminarle o criticarle por lo que come o su forma de comer. Es mucho mejor que lo que nos llame la atención lo hablemos con el/ella en otro momento tranquilamente, en lugar de confrontarle en el momento en que lo hace, especialmente si hay otras personas.
  • Evitar tener en casa aquellos alimentos que tu hij@ come con más ansiedad, al menos mientras le enseñamos a regularse. Ofréceselos en otros momentos, por ejemplo, fuera de casa. No debes prohibírselos. Al prohibirles alimentos que les gustan los hacemos más atractivos para ellos y hace que cuando tengan acceso a ellos los coman en mayor cantidad y con descontrol.
  • Si pide comida entre horas, y estáis seguros de que no puede ser hambre, preguntarle algo así como “Cariño ¿Estás seguro que tienes hambre?, ¿Cómo te encuentras?”. Ayudadle a buscar alguna actividad distractora y, si insiste tras ella, ofrecerle algún tentempié como un vaso de leche, fruta o vegetales (tomate cherry, zanahoria, pepino…) para calmar el gusanillo.
  • Si se van a realizar cambios de mejora en la alimentación familiar, o cuando reflexionéis con él/ella si realmente tiene hambre o es momento para comer determinado alimento o en determinada cantidad, se ha de referir a la salud, NUNCA se ha de aludir al peso.
  • Ofrecer agua regularmente. En ocasiones pueden confundir la sensación de sed con sensación de hambre. 
  • Evitar poner etiquetas y emitir mensajes negativos al referirse a los alimentos: hablar de “guarradas” o “porquería” , decir que “la bollería es basura”, “el azúcar engorda” contribuyen a que empiece a sentir cierto “temor” hacia los alimentos y sensación de culpabilidad si los consume.
  • No utilizar la comida como premio ni castigo.
  • Ayudarle a reconectarse con sus señales internas de hambre y saciedad, preguntándole por las mismas.
  • Tratar de restar emocionalidad a la comida y a la alimentación en general con comentarios o expresiones como “come que se te quitarán todos los problemas” , “comer me hace feliz”…
  • Incorporar alimentos saludables a los menús de celebración, así como ser flexibles y permitir comer alimentos “menos saludables” fuera de esos momentos.
  • Darle la oportunidad de que puedan tener otras válvulas de escape para la ansiedad, como el deporte o el baile.
  • No pesarle con el objetivo de controlar su peso. Si le pesas estarás poniendo el foco en el peso y no en el cambio de hábitos o en lo que lo ha generado, y sentirse examinado no ayudará en absoluto a solucionar el problema. El peso irá bien si recupera una relación sana con la comida.

Mucho ánimo, seguro que lo vais a hacer fenomenal!!

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