Hace décadas, las dietas de moda eran las dietas para perder peso. Las más seguidas eran las dietas hipocalóricas bajas en grasas, pero también estaban las clásicas “alcalina”, “disociada”, y las hiperproteicas como la dieta Atkins o la Dukan. Con el tiempo han ido surgiendo infinidad de regímenes de todos los colores y de lo más originales (Dieta de la Zona, Dieta por Puntos…), algunas con nombres y apellidos muy llamativos como la South Beach o la Weight Watchers.

En el momento actual, algunas de las dietas más populares son las siguientes 5:

  • DIETA DETOX:

Se caracteriza por el consumo abundante de zumos, batidos y cremas “detox”, preparadas a base de vegetales crudos como zanahoria, espinacas, apio, brócoli, etc.

Con el reclamo de alimentación “healthy” o “verde”, transmite la idea errónea de que “necesitas desintoxicarte“, como si no tuviéramos riñones e hígado en nuestro organismo encargados de metabolizar las toxinas (transformándolos en compuestos más sencillos y eliminándolos).

En realidad, su seguimiento implica riesgos para la salud por el exceso de oxalatos y nitratos presentes en estas preparaciones, debido a que sus ingredientes se consumen crudos (si se cocinaran, el 87% del oxalato se destruiría debido a la temperatura) y a la cantidad de vegetales que contiene cada batido o zumo, mucho mayor que la que se consumiría a partir de verduras o frutas enteras. Además, se recomienda consumirlos en ayunas, por lo que se incrementa la absorción de dichos compuestos. El riesgo de contaminación microbiana por el consumo de vegetales en crudo también habría que tenerlo en cuenta.

  • Dieta PALEO

Se la conoce también como “dieta evolutiva”. Incluye frutas, verduras, carnes magras, pescado, huevos, nueces y semillas. En definitiva,  alimentos que consumían las poblaciones de cazadores-recolectores hace cientos de miles de años.

Así mismo, excluye los alimentos que se incorporaron con el inicio de la agricultura como cereales, legumbres y productos lácteos, lo que la convierte en una dieta baja en carbohidratos.

Tampoco acepta los alimentos procesados. ¿Realmente tendríamos que huir de ellos? La intervención de la industria alimentaria ha sido muy positiva en muchos sentidos. El acceso a productos procesados (yogures, panes, pescados en conserva, bebidas vegetales, verduras envasadas, etc.) nos facilita la vida y nos proporciona variedad en nuestra alimentación.

  • Dieta KETO (cetogénica):

Se puede decir que es una de las principales dietas de moda. Es una dieta muy baja en carbohidratos, en la cual la ingesta de proteína es moderada y la mayor parte de la energía proviene de las grasas, por lo cual requiere un control estrecho de la cetosis. La cetosis es un estado metabólico que se da cuando no hay suficiente  glucosa en sangre, y el cuerpo utiliza las grasas como fuente de energía con la consiguiente formación de cuerpos cetónicos o cetonas. Tener niveles altos de cetonas en la sangre podría causar mal aliento, pérdida del apetito, náuseas o vómito, y respiración rápida y profunda. En casos graves, podría provocar un estado de coma y la muerte.

La dieta Keto se diferenciaría de la Paleo en que es más estricta en la restricción de los carbohidratos (en la dieta paleo los carbohidratos se van a obtener principalmente de las frutas) y en que sí permite lácteos.

  • Dieta Antiinflamatoria:

Está concebida para proteger a nuestro organismo frente a la inflamación crónica, derivada en mayor o menor medida de nuestro actual estilo de vida o de ciertas patologías. Esta inflamación permanente y generalizada podría a su vez, dar lugar a otras múltiples enfermedades metabólicas o digestivas.

El patrón alimentario estaría basado en productos vegetales frescos, cereales, frutos secos y carnes no procesadas, priorizando el pescado. Promueve el consumo de fibra, probióticos, ácidos grasos omega 3 y antioxidantes a través de los alimentos y mediante suplementos. 

Por lo demás coincide con la descripción de la dieta mediterránea equilibrada, lo que ocurre es que suele ir acompañada, como toda dieta que se precie, de numerosas “reglas alimentarias (por ejemplo, “lo prohibido” y “lo permitido”, ayunar durante X horas, etc.).  La dieta antiinflamatoria no está concebida para perder peso (aunque son muchos los que la utilizan con este fin), pero tampoco tiene la capacidad de curar la inflamación por sí sola si no se evita el estrés, el sedentarismo o hábitos tóxicos como el alcohol o el tabaco.

  • Ayuno intermitente

En el popular ayuno intermitente (del que ya hablamos en este otro post) es el reloj, y no el hambre fisiológico, el que dicta el horario para comer. Se basa en la idea de que dejar pasar un largo número de horas entre la última ingesta de la noche y la primera del día siguiente crearía un déficit calórico, y por lo tanto nuestro organismo adquiriría mayor agilidad a la hora de movilizar las reservas de grasa. En principio, no añade ningún otro tipo de pautas alimentarias.

¿Es bueno desconectarnos de nuestras sensaciones? Vivimos condicionados por los horarios debido a nuestros compromisos laborales, académicos o familiares. Sin embargo, el hambre y la saciedad son la brújula que nos orienta respecto a nuestras necesidades y debemos escucharlas y atenderlas en la medida de lo posible. Además, forzar un ayuno muy prolongado puede no sentar bien a muchas personas. En especial a aquellas que presentan ansiedad por la comida o comer emocional, este tipo de ayuno podría agudizarlo, y desviar el foco del problema real que normalmente subyace a estas conductas.

Dados los hábitos de la población general ¿No sería prioritario promover una relación sana y equilibrada con la comida? En nuestra próxima publicación hablaremos de por qué no funcionan las dietas a largo plazo.

CRISTINA GARCÍA TÉBAR. Dietista de Nutriemoción.

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