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Siempre nos han dicho que no debemos picar entre horas, incluso unas uvas o unos pistachos… que se nos quita el hambre y que no es bueno. Vamos a profundizar un poco en este dogma, y a ver qué concluimos.

Picoteo, Snack, Tentempié, Aperitivo… Cualquiera de estas palabras describe a un alimento o conjunto de alimentos que generalmente se utilizan para satisfacer temporalmente el hambre, proporcionarnos una cierta cantidad de energía o simplemente por placer. Ninguno parece tener buena fama porque, detrás de ellos, está la sensación de “estar picando”. Quizás el aperitivo tiene un componente más social y placentero, y el picoteo se refiere a pequeñas cantidades de distintos alimentos… pero, en general, todas hacen referencia a «comer entre horas», y en cualquiera de los casos, pueden ser tan o tan poco saludables como queramos.

Picar entre horas… ¿sí o no?

Es cierto que, cuando se habla de comer entre horas, el consejo más repetido siempre ha sido el de “evita picar entre horas”. Pero… ¿realmente es tan malo picar? O, mejor dicho, ¿Qué tipo de picar es el que debemos evitar?

Vamos a aclarar primero, algunas cosas. 
Culturalmente, en España, distribuimos las ingestas en un mínimo de 3 (desayuno, comida y cena) y un máximo de 5 (añadiríamos almuerzo y merienda), en general.

Entonces, cuando hablamos de comer entre horas… ¿nos referimos a “tomar algo” entre desayuno y comida, o comida y cena? ¿o nos referimos a lo que comemos fuera de cualquiera de las 5 (p.e. entre almuerzo y comida o merienda y cena)? 

Pues… depende de cómo lo considere la persona, de lo que esté acostumbrada a hacer y de cómo lo haga.

En principio, de una persona que hace las 5 comidas al día, no se espera que tenga hambre entre horas, por lo que, si “pica”, es posible que lo haga  por otros motivos . Pero también podría ser que, entre el almuerzo y la comida (por ejemplo), pasaran muchas horas, por motivos de trabajo. Pensad por ejemplo, en una persona que almuerce a las 10 y coma a las 15,30h, u otra persona que le surgiera un imprevisto y tuviera que retrasar bastante la hora de la comida. En este caso, sería incluso conveniente que la persona “picara” algo a última hora de la mañana.

Efectivamente, ¡picar no es necesariamente malo!

Si cuando picamos nos referimos simplemente a comer algo entre horas a modo de “tentempié”, puede ser, incluso, una muy buena idea si:

  • lo hacemos en respuesta a una sensación de hambre real
  • lo que picamos, como norma general, es un alimento saludable.
  • somos conscientes de lo que estamos comiendo
  • esa picada nos permite llegar a la siguiente comida sin excesiva hambre. Esto, que parece algo tan simple, puede implicar que: reduzcamos la ansiedad por comer, cuando nos toque comer; nos tomemos más tiempo para cocinar algo más saludable  (en vez de comer lo que pillemos); evitamos picar inconscientemente mientras cocinamos ; hagamos una mejor elección de la comida o cena frente a la carta de un restaurante…

Por el contrario… picar puede no ser una conducta sana cuando:

  • lo hacemos en respuesta a un impulso, generalmente derivado de una emoción, o simplemente porque tenemos acceso a comida.
  • implica sucesivas visitas a la cocina para coger algo, pequeñas cantidades que, finalmente, sumadas, no tenemos ni idea de cuánto representan
  • se trata de alimentos poco saludables

Entonces, ¿Si tenemos hambre entre horas es mejor que comamos, en vez de esperar?

Depende. Del grado de hambre, del tiempo que falte hasta la comida siguiente, de la calidad de los alimentos del picoteo y de la siguiente ingesta, de lo que puede implicar…

Esto es muy típico en niños. Imaginaos este verano que pasamos la mañana en la playa con los niños, almorzamos y, a última hora nos pegamos un baño en la piscina. La idea es ir a comer todos a una restaurante de comida rápida, y a última hora de la mañana tras el baño en la piscina, uno de los niños, hambriento, saca una bolsa con cerezas que ha encontrado en el bolso de playa de su papá o mamá, y empieza a comer. El resto de niños se animan y … venga a comer cerezas! Uno de los adultos los ve y se echa las manos a la cabeza, «¡Pero qué hacéis! Si estamos a punto de irnos a comer a “…”, dejadlo, que luego no comeréis! Y acto seguido les quita la bolsa de cerezas concluyendo con una reprimenda por su comportamiento.

¿Qué opináis? ¿Será un problema que los niños acaben comiendo menos en ese restaurante?¿Qué diríamos si lo que empiezan a picar es una bolsa de papas? ¿Qué diríamos si lo que va a continuación es la comida que ha estado preparando la abuelita que se ha quedado en casa esa mañana? Partiendo de que son importante las rutinas y los horarios, no debemos tampoco volvernos locos con estas cosas, especialmente, si lo que comemos es saludable. Y valorar según el contexto.

Si vemos que siempre a determinada hora acabamos picando cualquier cosa porque tenemos hambre, desde luego, sería hora de plantearnos, una de dos, o bien reforzar la ingesta anterior, o bien planificarnos un tentempié saludable para esos momentos, y simplemente preocuparnos por lavarnos los dientes a continuación.

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