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Las bebidas energéticas son bebidas dirigidas principalmente a la gente joven cuyos efectos nocivos, la mayoría de la población incluyendo los propios consumidores, desconoce. Mucha gente las confunde con las bebidas isotónicas para deportistas, pero son bien diferentes:

Bebidas isotónicas y bebidas energéticas

  • bebidas isotónicas (Aquarius, Powerade…): son bebidas dirigidas a deportistas que contienen carbohidratos (azúcares) y electrolitos que les permiten rendir más en ejercicios de resistencia (este efecto no tiene porqué darse en personas no deportistas). 
  • bebidas energéticas (Red Bull, Monster, Burn…): nombre que un sector de la industria alimentaria ha creado para un conjunto de bebidas altamente ricas en azúcar, cafeína y otras sustancias sugiriendo que “dan potencia”, “dan energía”, “estimulan”, alegaciones muy atractivas para los jóvenes. 

Composición y efectos de las bebidas energéticas

Las bebidas energéticas contienen mucho azúcar y mucha cafeína. Beberse un Red bull  (lata de 500 ml) equivale a tomarse 3 cafés y añadir a cada café 5 sobrecillos de azúcar). ¿Para qué tanto azúcar? Para enmascarar el sabor amargo de la cafeína. 

Tal cantidad de cafeína hace que, lo que podría parecer una bebida estimulante, provoque unos efectos secundarios poco seductores: nerviosismo, taquicardia, irritabilidad e insomnio. 

El consumo habitual de bebidas energéticas conlleva un alto riesgo de (entre otros problemas):

  • caries, obesidad y diabetes tipo II, consecuencia de la ingesta excesiva de azúcar
  • trastornos del sueño, alteraciones de la tensión arterial y del ritmo cardiaco, asociados al exceso de cafeína.

La presencia de ginseng, taurina, vitaminas y extractos de plantas dan la idea de “mas saludable”. La EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) prohíbe acompañar de declaraciones de salud a las llamadas bebidas energéticas. En absolutos son bebidas saludables. Por el contrario, no se conoce realmente qué efecto tiene esa combinación de sustancias  en el ser humano, y menos si se mezclan con los fármacos que pueda estar consumiendo la persona.

Mezcladas con alcohol, más riesgo si cabe.

Una práctica habitual es mezclar las bebidas energéticas con alcohol. Debido a la elevada cantidad de cafeína que contienen, los efectos depresores del alcohol (decaimiento,  apatía, somnolencia… ) sobre el sistema nervioso central pueden quedar enmascarados o camuflados. ¿Cuál es el resultado? Uno continúa consumiendo bebidas alcohólicas sin encontrarse mal, exponiéndose a un coma etílico, y poniendo en riesgo su vida. 

Estremece pensar que, también, debido a que no se percibe bien el grado de intoxicación, se podrían llevar a cabo acciones imprudentes que impliquen accidentes o lesiones a otras personas.

A quien nunca le ha pasado algo de esto, pero continúa combinando bebidas energéticas con alcohol, puede estar seguro de que los riesgos a largo plazo aparecerán. Se trataría de los riesgos del consumo habitual de alcohol, que aumentan cuando se mezclan con bebidas energéticas:

  • Enfermedades hepáticas y cáncer
  • Efectos neurológicos
  • Adicción al alcohol, etc.

Los menores y adolescentes sufrirán de forma más acentuada los efectos del consumo de bebidas energéticas combinadas o no con alcohol, dado que al no tener experiencias previas con este tipo de bebidas tendrá mayor dificultad en moderarse y además:

  • al ser su peso menor, los efectos adversos de dosis altas de cafeína son superiores a los observados en adultos
  • su cerebro está todavía inmaduro, por lo que es más sensible a los efectos neurotóxicos del alcohol

Ahora también podemos encontrar versiones “light” de las bebidas energéticas, pero que contienen la misma cantidad de cafeína.

En cualquiera de los casos, las autoridades sanitarias aconsejan EVITAR el consumo de este tipo de bebidas. Las cifras sobre su consumo son escalofriantes. Según la EFSA, un 18% de los niños europeos de entre 3 y 10 años las consumen.

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