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Las cinco comidas vs el ayuno intermitente ¿Qué es mejor para mi salud? ¿y si necesito perder peso? Dos estrategias muy diferentes y controvertidas.

Durante muchos años se ha defendido a capa y espada la estrategia de realizar las 5 ingestas diarias sin saltarse ninguna (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena) como una forma saludable de evitar picar entre horas o comer excesivamente en las ingestas principales.

Hoy se ha visto que, aunque en muchos casos es indudablemente una buena herramienta, no tiene por qué tratarse necesariamente de una pauta que conduzca a un mejor estado de salud, especialmente si no se hace hincapié en el tipo de alimentos que deberían componer esas 5 ingestas, en cuyo caso podría ser, incluso, negativo.

Teniendo en cuenta que la mayoría de la gente toma este tipo de decisiones por su cuenta, sin consultar a los profesionales de la alimentación, concluimos que no es una herramienta de salud que se deba generalizar.

Recientemente, ha surgido una corriente que defiende otra estrategia bastante opuesta: el  ayuno intermitente. Esta estrategia consiste en ingerir alimentos durante unas horas del día, y durante las horas restantes se ayuna, es decir, no se consume nada salvo bebidas acalóricas como agua, o café americano o infusiones sin azúcar. Se suele recomendar empezar por el 12:12; para a continuación avanzar hacia la forma más habitual de practicar el ayuno intermitente que es 16:8, es decir, ayunar durante 16 horas y comer durante 8 horas, por ejemplo, realizar la primera comida a las 12h y la última a las 20h.

A favor de él se ha dicho que es una herramienta (entre otras muchas) beneficiosa a la hora de perder grasa corporal. En general, tenemos asociadas ciertas horas del día con el momento de comer, por lo que muchas veces, más que atender a nuestras sensaciones de hambre-saciedad, comemos por comer. Con el ayuno intermitente, al disminuir la franja horaria, se desplazarían aquellas ingestas que hacemos sin hambre fisiológica, por lo que es más fácil crear un déficit calórico, y el organismo adquiriría mayor agilidad a la hora de movilizar las reservas, es decir, lo haría con mayor eficiencia sin perder masa muscular ni entrar en modo ahorro energético.

Debido a que a nivel poblacional existen tantos objetivos a trabajar en la mejora de los hábitos alimentarios (hacer una adecuada selección de los alimentos que incluimos en nuestra cesta de la compra, atender a nuestras sensaciones de hambre/saciedad, evitar el comer emocional, reducir los alimentos altamente procesados, y un largo etc, que, en definitiva, es aprender a comer), el ayuno intermitente no sería ni de lejos la prioridad, y si se hiciera, por supuesto, habría que estudiar siempre muy bien el caso y personalizar.

Al igual que con las 5 comidas al día, el riesgo de iniciar este tipo de práctica por cuenta propia conlleva importantes riesgos, especialmente para aquellas personas cuya relación con la comida está salpicada de factores emocionales.

Destacar que el ayuno intermitente, como las 5 ingestas, las 4 o las 3, no son soluciones milagrosas, sino unas estrategias más dentro de un contexto de alimentación saludable, descanso adecuado, actividad física y estilo de vida.

Mireia Sanchez Campos

Cristina García Tébar

 

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