¿Qué relación hay entre pensamientos y alimentación?

No hay duda de que lo que sientes puede afectar a la manera en la que comes. Las emociones, tanto agradables (alegría, euforia, deseo, etc…) como las incómodas (enfado, descontento, ansiedad, tristeza, culpabilidad, etc..) pueden anteceder a conductas de comer más allá del hambre física que tengas en ese momento.  Pero, ¿lo que piensas tiene también alguna relevancia sobre lo que comes? La respuesta es sí. Pensamientos y alimentación están muy relacionados.

El papel de los pensamientos sobre tu conducta de comer

Los pensamientos son, simplificando mucho, las órdenes de nuestra mente al cuerpo sobre cómo tiene que sentirse. Si la mente interpreta que una situación es amenazante, inundará nuestro cuerpo de hormonas que nos provocarán una sensación de ansiedad. Si nuestra mente interpreta que una situación es muy alegre, descargará en nuestro sistema sanguíneo sustancias que nos darán una sensación de alegría. Como hemos visto que lo que sentimos es importante para determinar lo que comemos, lo que pensamos lo será aún más, porque los pensamientos tienen potencial de provocar emociones. He aquí la relación entre pensamientos y alimentación.

Qué tipo de pensamientos tenemos que tener en cuenta

Con todo, nuestra mente está pensando en cada momento del día. No se trata de obsesionarse con lo que estamos pensado en cada momento, pero sí podemos estar alerta ante determinado tipo de pensamientos. Esto es útil para personas que quieren adelgazar, para personas que están obsesionadas con el peso o con la calidad de los alimentos, pero también para nutricionistas que no estén familiarizados con trastornos de la conducta alimentaria, porque la presencia de este tipo de pensamientos deben despertar la alerta sobre problemas ocultos con la comida que puedan tener sus pacientes.

 

Pensamientos dicotómicos sobre nuestro cuerpo, peso o dieta

Hemos de estar alerta cuando aparecen pensamientos muy extremos y oscilantes en función de lo que pensamos, comemos o parecemos. Si te sientes eufórico cuando consigues seguir un determinado tipo de dieta o plan alimentario, pero culpable y ansioso cuando no lo haces, habría que analizar por qué tienes estos pensamientos. Si te inunda una sensación de paz cuando la báscula marca un determinado número, pero con extremado malestar si la superas, también hay que estar al tanto. Estos pensamientos pueden ser precursores de ortorexia o anorexia y pueden hacer que comas menos de lo que necesitas o que restrinjas mucho tu alimentación y no esté realmente compensada.

Pensamientos de comparación con un ideal

Un ideal no es una realidad. Y compararse es una agresión a uno mismo. Por lo tanto la comparación con un ideal es siempre un mal punto de partida. Si te juzgas en función de lo que te acercas o alejas a un determinado ideal de belleza, puedes entrar en una espiral de conductas que te acercarán a un trastorno alimentario. Y aunque la comparación no sea con un ideal, sino con alguien concreto que pasa por la calle y que conoces, dale también una vuelta. Tú eres tú, tu cuerpo es el que tienes, hay que partir de lo que tenemos y buscar siempre estar saludable y confortable. Si no, puedes comenzar a tontear con la dieta y/o el ejercicio y comenzar a tener problemas.

Pensamientos de focalización en una parte de tu cuerpo para juzgarte

A veces nos quedamos como enganchados en pensar mal sobre una parte de nuestro cuerpo, como si estuviera separado del resto. Nosotros somos una globalidad, si aplicamos una lupa sobre nuestro trasero, tobillos, caderas o bíceps… corremos el riesgo de obsesionarnos con ello y tomar malas decisiones de alimentación persiguiendo reducir o aumentar determinada parte de nuestro cuerpo sin ver cómo puede influir en el resto.

Criticarte y coger carrerilla

Si te ocurre que cuando empiezas a criticarte, no puedes parar y te parece que todo en tu cuerpo está mal, entonces hay que analizar de dónde viene estas valoraciones sobre ti mismo, que no son más que pensamientos y creencias sobre ti mismo porque, si no las corregimos, puedes darte un atracón porque ya todo te da igual o, al contrario, puedes pasarte con el gimnasio o extremar una dieta demasiado purista.

Creer que todo va mal en tu vida por culpa de tu aspecto

Si piensas que lo que pasa en tu trabajo, en tus relaciones, en tus estudios… es por culpa de tu aspecto físico actual, estás atribuyendo un poder a tu cuerpo que no tiene. Siempre hay muchos más aspectos implicados que explican una situación y, si no los vemos, no podemos ponerles solución o estamos buscando la solución en un lugar inadecuado: el falso control sobre nuestra vida a través de la comida o el deporte.

Pensamientos que ponen reglas absurdas

Hay quien decide no ir a clase hasta que no adelgace determinados kilos, o no ir a la piscina hasta que su cuerpo no esté de una determinada manera. Estas reglas mentales no son saludables ni respetuosas para ti y, si las tienes, sería buena idea que buscaras asesoramiento para liberarte de ellas. Lo que no tienes que hacer es establecer una batalla con tu cuerpo a través de una dieta milagro.

El llamado razonamiento emocional

Si piensas que estás gordo porque te sientes gordo, o que eres feo porque te sientes feo piensa en lo siguiente. ¿Una mujer maltratada que se siente culpable por servirle la cena un poco fría a su marido ha hecho algo malo? Evidentemente, sentirse culpable en algunos casos no está relacionado con serlo. De la misma manera, sentirse gordo o feo no siempre está relacionado con estarlo o serlo. En ocasiones es la baja autoestima o la inseguridad la que provoca estas percepciones y habría que trabajar estas ideas en lugar de luchar contra tu cuerpo a través de la alimentación o el deporte.

El efecto liberador de saltarse una pauta

A veces también ocurre que nos habíamos propuesto comer de una determinada manera pero en ese momento hemos “sucumbido” a una tentación. Si esto ocurre, es mejor permitir que haya ocurrido que pensar que ya “de perdidos al río” o que “hay que compensar”. Sigue normal y, si te ocurre mucho, plantéate si la dieta no estará mal diseñada y estás pasando hambre o no estás tomando cosas que te gustan.

Beatriz Das López

Psicóloga experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria