lactancia maternaHasta hace un siglo, la dinámica estaba clara. Cuando tenías un bebé, le amamantabas. En determinados círculos sociales tal vez no le amamantarás tú, sino un ama de cría, pero la opción era amamantar.

Amamantábamos, además de por instinto, porque había una cultura de amamantar, es decir, las niñas, desde pequeñas, veían en su familia y vecindad a mujeres dando pecho y asimilaban de modo automático determinados parámetros de amamantar, como la correcta postura de la cabeza y cuerpo del bebé, los ritmos de cambiar de un pecho al otro, la frecuencia irregular de las tomas, etc… Los bebés se alimentaban así a demanda en los primeros meses de vida.

La lactancia en la década de los 60

lactancia artificialAlrededor de las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, la lactancia materna entró en crisis. Las razones eran muchas: por un lado, muchas mujeres podían trabajar fuera de casa y había una tendencia generalizada en la mecanización de muchas tareas domésticas para ahorrar trabajo a las personas que se ocupaban de ellas. La aparición de la leche artificial parecía un elemento más de ese progreso.

Por supuesto, el nicho de mercado que encontraron las empresas que fabricaban la leche de fórmula fue monumental. Si los mecanismos publicitarios funcionaban bien, la leche de fórmula calaría en los hogares, y así fue. Prometiendo una alimentación igual a la materna, la mayoría de las mujeres dejaron de dar el pecho, dejaron de alimentar a demanda y las niñas dejaron de recibir modelos visuales de cómo amamantar. La lactancia materna comenzó a estar mal vista, asociada a clases populares y estratos sociales bajos. Dar el pecho no estaba de moda.

Las investigaciones sobre lactancia de los años 90 y su evolución hasta hoy

lactanciasTreinta años después, la Organización Mundial de la Salud y UNICEF comienzan a investigar las diferencias entre la leche materna y la de fórmula. Se evidencia que hay diferencias, inclinándose la balanza a favor de los beneficios de la lactancia materna. Aunque las ventajas de la lecha materna se conocen ya desde entonces, la presión comercial y lo que parecía una marcha atrás en la liberación de la mujer ha provocado que se tardara casi dos décadas en calar el mensaje en la población. A principios del s. XXI el movimiento pendular se volvió de cara a la lactancia materna: dar el pecho era la opción, estaba bien visto, estaba de moda. Los libros y consejos sobre la lactancia materna proliferaron y se provocó una compleja situación: mamás que querían dar el pecho pero que no sabían bien cómo hacerlo y se sentían mal, mamás que no querían dar el pecho y se sentían juzgadas… Como todo movimiento pendular, parece que se está asentando y que en unos años podremos encontrar un equilibrio.

Opción recomendada: la lactancia materna

Si tuviéramos que recomendar una primera opción para alimentar a un bebé, tendríamos que hablar de la lactancia materna porque es la mejor elección nutricional tanto para la mamá como para el bebé. Esto es una evidencia que no podemos esconder.

Otras opciones: la leche de fórmula

Pero hay mamás que, por motivos físicos o emocionales, o por deseo de organización en sus vidas, presentan problemas o deseos en contra de la lactancia materna. La elección entonces está clara y hay plena libertad de alimentar con leche de fórmula que, no contando con todos los beneficios de la materna, es una opción adecuada.

Cómo ayuda la lactancia materna a la mamá

Gracias a la oxitocina favorecida por la lactancia, amamantar tras el parto ayuda a reducir el sangrado postparto y favorece la contracción posterior del útero. El aumento de oxitocina en sangre también reduce las probabilidades de padecer una depresión postparto. Estudios a largo plazo han establecido que amamantar reduce el riesgo posterior a padecer cáncer ovarios, útero y mama, así como osteoporosis. También ayuda a perder algo del peso cogido en el embarazo.

Cómo ayuda la lactancia materna al bebé

Se ha observado una menor incidencia de muerte súbita en bebés amamantados, así como menor porcentaje de alergias. La leche materna está viva, por así decirlo y, por lo tanto, está llena de anticuerpos que ayudan al bebé a defenderse de ataques mejorando sus defensas. La leche materna tiene la facultad de ser muy fácilmente digerible y de ser más acuosa en los primeros minutos de la toma para calmar la sed y más nutritiva en los últimos minutos de la toma para aportar calorías y nutrientes.

Amamantar ahora es más difícil que antes

problemas lactanciaSin embargo, pese a estas ventajas, muchas mamás tienen miedo de dar el pecho: miedo a que el bebé no se coja al pecho, miedo a no tener suficiente leche, miedo a experimentar dolor… Estos miedos son el resultado de las décadas de pérdida de cultura popular de lactancia materna.

Dar el pecho es un complejo proceso tanto instintivo como aprendido, como hemos dicho, y si falta la parte de aprendizaje por modelado (es decir, por haber visto como otras mujeres lo hacían), la instauración de la lactancia puede comprometerse, porque se coloca al bebé en postura de biberón y no de pecho, éste puede no tragar bien y además provocar grietas en el pezón. Si además le han dado en el hospital alguna tetina con suero glucosado, el bebé confunde el modo de succión del pecho (ha de esforzarse en sacar leche con la lengua) con el de la tetina (ha de para con la lengua el líquido que sale constante).

Talleres de lactancia

Afortunadamente, hoy en día existen talleres de lactancia en todos los centros de salud, a los que aconsejamos acudir aunque sea brevemente para dejar que la matrona ayude a colocar el bebé al pecho y quite falsas creencias como que la lactancia materna ha de ser cada tres horas, o que hay que pasar enseguida de un pecho a otro para vaciar los dos, o que los bebés de biberón duermen toda la noche… y muchos más.

Por último: libertad de elección

Por supuesto que, muchas mamás son libres de decidir que no quieren dar el pecho. La leche de fórmula también es una opción, así como la lactancia mixta, aunque ésta última suela llevar en muchas ocasiones al abandono de la lactancia materna. Lo importante es que bebé y mamá estén felices, sin conflicto, y que se sientan cómodos con la opción elegida.

 

 

Mª José Miguel Quilis

Directora de NUTRIEMOCION