La duda de «a quién creer».

¿Por qué existe tanta diferencia entre los resultados de unas y otras publicaciones científicas, y entre los consejos dietéticos que se dan en los distintos artículos de divulgación? Todos suelen aportar referencias bibliográficas y estar respaldados por profesionales sanitarios con formación, experiencia e incluso con prestigio.

¿Por qué los profesionales sanitarios a pie de consulta tampoco se ponen de acuerdo a la hora de dar pautas, siendo, en ocasiones, son completamente opuestas?

Son preguntas frecuentes que se hace la población y también nos llegan a Nutriemoción.

Hace un mes ya hablábamos en un post (al que llamamos “Discrepancias en nutrición (I)”) sobre aspectos  implícitos al mundo de la nutrición y la salud, comprensibles, que explican que ocurra esto. Pero existen otras razones menos aceptables.

Por un lado, la presencia de profesionales sanitarios no actualizados, o que directamente no tienen una formación adecuada para dar consejo dietético. 

Por otro lado, los intereses personales, económicos y comerciales en que se dé un tipo de información y no otra. Se sabe que hay empresas alimentarias que pagan a los investigadores para que den determinados resultados que les convienen. También a sociedades médicas para que den determinadas recomendaciones dietéticas. ¿Como puede el ciudadano de a pie ser conocedor de esto? No es fácil.

  • Solo si uno tiene importantes conocimientos de epidemiología y estadística podría juzgar si un estudio tiene o no sesgo. Ademas, no siempre se sabe quién financia un estudio (muchas veces no se revela, lo cual es ilegal).
  • Sin embargo, sí se puede saber quienes son los promotores o colaboradores de una determinada fundación o sociedad (simplemente consultando su web), o quién patrocina un congreso. ¿Alguien piensa que esto no condiciona a la hora de dar indicaciones dietéticas? (a este respecto, aquí podéis escuchar una interesante entrevista, minutos 21 a 37).

Lo peor de la existencia de tantas discrepancias en nutrición, es que la gente acaba cansada de esas contradicciones. Muchos finalmente desconfían de todos y desisten de hacer cualquier cambio de hábitos que podría mejorar su salud. 

No es fácil responder a la pregunta que planteamos en el subtítulo de este post, pero sí podemos recomendar que, en general, se desconfíe de aquellos que:

  • salen beneficiados al dar una determinada indicación dietética, o por la venta de un producto (complemento/suplemento/sustitutivo).
  • prometen grandes resultados sin esfuerzo, rápidos y mágicos. No es tan sencillo para todo el mundo, por ejemplo, perder peso de manera saludable y mantener esas pérdidas en el tiempo. Si se dieran resultados tan rápidos… sería a costa de tu salud y un altísimo riesgo de recuperarlo. 
  • pautan dietas con nombres y apellidos (dietas milagro) como la Dieta de la Zona, Dieta South Beach…dietas que no enseñan buenos hábitos alimentarios y de estilo de vida. 
  • ofrecen propuestas extravagantes, descabelladas o difíciles de integrar en la vida cotidiana del individuo
  • conceden a alimentos concretos la propiedad de sanar, adelgazar, curar… Sólo el conjunto de la alimentación y el estilo de vida podría hacer posible esos objetivos.
  • demonizan determinados productos (azúcar, carnes rojas…) hasta el punto de prohibirlos, porque los consideran poco menos que un veneno. En este sentido hay que saber que su consumo habitual está relacionado con patologías a nivel poblacional, y que hay alternativas saludables. Pero prohibir alimentos solo lleva a la transgresión de las pautas, más tarde o más temprano, y de una forma descontrolada.
  • no tienen en cuenta otros aspectos que influyen mucho en la alimentación: aspectos psicológicos, económicos, sociales o personales, y en definitiva, la realidad de la persona (estado de ánimo, situación personal, preferencias, costumbres…). 

Esperamos que la lectura de ambos post te ayude formar una opinión crítica cuando te enfrentes a las tan frecuentes discrepancias en nutrición.