Como nutricionista, en consulta, me encuentro muchas veces que la gente no es realmente consciente de lo que come, sobre todo cuando está viendo la tele, con el ordenador o leyendo. Tendemos a engullir mientras pensamos en otra cosa o hacemos otra cosa, privándonos de la valiosa información que nuestro cuerpo nos aporta sobre la saciedad o sobre sus impresiones sobre el alimento que estamos tomando.

Pero, aún en el resto de situaciones, no prestamos tanta atención a la comida como deberíamos. Para intentar cambiar esto, vamos a intentar hacer un experimento relacionado con el mindfulness, algo relacionado con lo que últimamente llaman mindful eating y que te puede ayudar a descubrir qué tipo de hambre tienes, cuánta tienes y cuánto quieres comer.

DESCRIBIR LA COMIDA

Reflexionemos cuando tengamos un alimento en la boca: ¿cuántos adjetivos puedo usar para describir esta comida? Si nos paramos a pensar, son realmente muy pocos, cosa extraña porque sí que solemos tener antojos y preferencias con los distintos tipos de alimentos, y es algo que hacemos a diario varias veces.

Incluso a mí, que soy nutricionista y me paso el día pensando qué alimentos pueden combinar con otros y qué recetas son más sabrosas para dar ideas para menús me cuesta pensar en muchos adjetivos relacionados con la comida.

EXPERIMENTO SENSORIAL CON LA COMIDA

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Bien, vamos a hacer una pequeña prueba; vamos a coger un alimentos que normalmente nos guste mucho o nos provoque deseo (yo probé con un trozo de toblerone pequeñito).

Ahora, vamos a intentar pensar en 15 adjetivos: ¡sí 15!. Los primeros 4 ó 5 son fáciles, pero a partir de ahí la cosa se complica.

Pero, ¿tan poco puedo decir de algo que me gusta tanto?

«Dulce, algo empalagoso, untuoso al paladar, suave a la lengua, crujiente (sus almendras), sabroso»… sólo tengo 6, no llego  ni a la mitad.

Sigo pensando: «grasiento, sabor suave, tentador»… se me van acabando las ideas, y ya empiezo con las trampas «triangular, marrón, suizo, típico de los aeropuertos, con leche»… ¡y aun me queda uno! Mmm… «bueno».

¿POR QUÉ NOS PASA ESTO CON LA COMIDA?

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Pues porque normalmente no comemos saboreando bien cada bocado ni siendo conscientes de lo que comemos en verdad. Intentando descubrir más adjetivos comía muy despacio, intentando saborear bien cada bocado e intentando descubrir cada sentimiento que me pueda provocar este chocolate.

Aunque no es algo que hagamos de forma habitual y no le dedicamos tanto tiempo, si que deberíamos de ser más conscientes de lo que comemos, y dejar de comer por aburrimiento o ansiedad sin en verdad apreciar lo que estamos tomando. Aprender a comer con consciente puede ayudarnos a prevenir muchos trastornos de la conducta alimentaria y a tomar decisiones sensatas relacionadas con nuestra saciedad.